Blog de la Fundación FACUA y la Fundación Ciudadana por un Consumo Responsable para la colaboración y el intercambio entre las organizaciones de consumidores de América Latina, el Caribe y Europa

Blog de la Fundación FACUA y la Fundación Ciudadana por un Consumo Responsable para la colaboración y el intercambio entre las organizaciones de consumidores de América Latina, el Caribe y Europa

Publicado el 15 de Enero de 2025, por Gerardo Wijnant

El contenido vertido en los artículos y entrevistas publicados en el Blog Consumo y Ciudadanía, son de responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente la postura de las Fundaciones que propician dicho blog

Podemos decir que muchas de las decisiones que tomamos o en las que nos involucramos como personas, comunidades, empresas e instituciones del más diverso tipo, tienen impactos enormes sobre nuestro entorno humano, social, ambiental y también en la conexión o no con nuestros propios valores. Entre esas decisiones, una de las más poderosas y significativas, aunque muchas veces invisibilizada, es la que tomamos respecto al uso de nuestro dinero.

La mayoría de nosotros estamos acostumbrados a relacionar el dinero con el valor de intercambio inmediato que este posee, es decir, lo que podemos comprar, lo que ahorramos, lo que pagamos. En general, en muy pocas oportunidades, nos detenemos a pensar en el poder que tiene el dinero para transformar realidades, para bien o para mal. El dinero, en última instancia, refleja nuestra intención y nuestras prioridades. Es una extensión de lo que creemos y de lo que valoramos. A la par un porcentaje importante de la gente mantiene una mala o distorsionada relación con el dinero, en tanto no lo percibe como instrumento de cambio o de realización personal, sino que en muchos casos, elemento que limita nuestra libertad, al escasear este en nuestras manos, o bien esclavizarnos al “Dios dinero”, si es que disponemos de mucho, etc. Es decir, los acercamientos son múltiples.

¿A qué nos referimos, entonces, cuando hablamos del uso consciente del dinero?: Podemos afirmar que esto no se reduce a gastar menos o a ahorrar más. Tampoco se limita a invertir en busca de rentabilidad. Significa hacernos preguntas, tales como: ¿qué impacto social o ambiental tienen las empresas o las organizaciones a las que estoy destinando mi consumo o inversión?; ¿contribuyen estas a mejorar la calidad de vida y bienestar de sus empleados así como también la vida de los trabajadores en sus cadenas de proveedores y/o el bienestar de las comunidades, o las deterioran?¿se construye con ellas un respeto genuino al medio ambiente, o lo explotan sin límites?¿refleja mi decisión de consumo e inversión los valores de respeto, justicia y sostenibilidad que digo defender?.

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